Bilingüismo en el Cerebro. Diferencias fisiológicas de un cerebro bilingüe.

Como casi todo en esta vida, las cosas como las maneras de pensar, cambian. Estos cambios, muchas veces, han sido propulsados por los avances científicos y tecnológicos.

Entre 1920 y 1960 los pensadores de la época sostenían la creencia de que la gente que era bilingüe tenía mermadas las capacidades lingüísticas y cognitivas. Se preguntarán ustedes ¿por qué? ¿No tendría que ser al contrario? En esta época se creía que el uso de dos lenguas mermaba los recursos cognitivos que deberían destinarse a otras habilidades.

Por suerte, los estudios científicos han desmontado esas teorías. Uno de los más prestigiosos y prolíferos es el denominado BRAINGLOT, integrado por seis grupos en los que trabajan unos 200 investigadores. Un grupo de los que forman BRAINGLOT es el de César Ávila, catedrático de Psicología Básica de la Universitat Jaume I de Castellón. Entre otros resultados, han confirmado que:

  • Un cerebro bilingüe trabaja de manera distinta a uno monolingüe.
  • “Los bilingües tienen el cerebro más grande, para ser exactos el lóbulo parietal inferior izquierdo, que es el que está relacionado con el conocimiento de un segundo idioma, y debido a que utilizan más áreas cerebrales en una tarea lingüística, activan diferentes áreas neuronales aumentando la densidad de la materia blanca”.
  • “Su procesamiento es menos eficiente pero no menos eficaz, es decir, lo hacen igual de bien que los monolingües pero para ello necesitan emplear más áreas de su cerebro. Esto podría significar algún tipo de pequeñísimo enlentecimiento a la hora de manejar el lenguaje. Pero la parte positiva es que los bilingües tempranos al pasarse todo el día cambiando de lenguaje, tienen entrenadas capacidades cognitivas no lingüísticas, en concreto en las funciones ejecutivas, que sirven para adaptarse a los cambios de tareas variadas. Se podría decir que en estas tareas son mejores. Nosotros aportamos la base visual de por qué son más eficaces y hemos visto que es porque utilizan otras áreas cerebrales distintas a los monolingües”.

Las investigaciones de Hauk, Johnsrude y Pulvermuller en 2004 pusieron de manifiesto que nuestro lenguaje y nuestro cuerpo están estrechamente unidos. Ciertas palabras activan en el cerebro zonas semejantes (el córtex motor y premotor) a las que son estimuladas cuando realizamos actividades físicas, como mover la lengua, los brazos y las piernas. Es lo que ocurre con verbos como “correr”, “coger” o “lamer”, que implican acción.

Hoy en día queda mucho por saber y estudiar en este campo, pero los avances obtenidos en los últimos años nos marcan el camino a seguir para descubrir y radiografiar el cerebro y su comportamiento frente al bilingüismo.

 

Alberto López Gil

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